lunes, 22 de octubre de 2007

La tumba de Rufina

Hace algunos días hice un paseo por el Cementerio de la Recoleta, en pleno corazón de Buenos Aires.

Visitar cementerios puede parecer un programa poco seductor, sin embargo con una cámara de fotos en la mano y una guía, se descubren cosas fascinantes.

Rufina era hija del escritor Eugenio Cambaceres. Una de las más preciadas damas de la alta sociedad de la Buenos Aires del 1900.
Una noche, mientras se preparaba para una salida al teatro, se desvaneció. Inmediatamente su madre llamó a los médicos para que la asistieran, pero luego de revisarla le dieron la terrible noticia que su joven hija estaba muerta. Fue el 31 de Mayo de 1902 y sólo tení­a 19 años.

Esa misma noche su ataúd fue depositado en la bóveda familiar del Cementerio de la Recoleta, junto a los restos de su padre.
Unos dí­as mas tarde, los guardias del cementerio descubrieron que el féretro estaba caído y llamaron a sus familiares.

Cuando abrieron, encontraron a la joven magullada, las paredes del ataúd arañadas y su rostro y manos lastimadas, Rufina había sido víctima de un ataque de catalepsia, esa enfermedad que apaga todos los signos vitales y presa del pánico, y al verse encerrada en su propia tumba, murió asfixiada. La medicina de la época no supo diferenciar ese estado del de la muerte, condenando a la señorita Cambaceres a un entierro en vida.

Aparentemente, su madre la drogaba todas las noches con un tranquilizante, de modo que la chica durmiera mientras ella tenía relaciones con su amante, que encima era el novio de Rufina. Pero la noche de la supuesta muerte habría redoblado la dosis. El novio se suicidó veinte días después, frente al Café Tortoni.

Un año después, la familia hizo construir una bóveda art nouveau: la estatua de Rufina (obra del alemán Richard Aigner) está en la puerta y tiene una mano apoyada en el picaporte, como si al fin pudiera salir.
Su ataúd es el único de un solo bloque de mármol milanés en toda la Recoleta.
Los cementerios siempre me han fascinado. Todas las ciudades del mundo esconden en sus grises cementerios, un fragmento de su historia.

Sobre sus tumbas se pueden encontrar personajes ilustres, leyendas olvidadas y todos esos trozos del pasado que se pueden descubrir entre los bellos monumentos y esculturas.

Acá podes ver Mas fotos.
Las fotos: La bóveda de Rufina y su mano en el picaporte de la puerta, tomada el 4/10 en La Recoleta.

3 comentarios:

Martín Rampo dijo...

Hola Nora como estas, con gran agrado veo que te decidiste por un blog de blogspot, que bueno en estos si tengo cancha para dejar comentarios un beso nos vemos linda.
Martin

*La Casalinga* dijo...

Bienvenida al mundo blogueril!
Arrancaste bien, eh? Qué temita!

La pobre Rufina se habrá reencarnado ya? Si es así, espero que no le haya tocado ser una rata de laboratorio o un canario enjaulado. Porque parece ser, que uno va arrastrando de por vida el karma del encierro compulsivo.

Yo ya le tengo dicho a mi marido, que cuando muera, se fije bien detenidamente los dedos de mis pies. Yo le haré una señal si todavia no estoy tan muertita como parece.

pal dijo...

siiiii, que buen tema... yo me paseo por los cementerios y pienso en la cantidad de años que cada uno tuvo, cuantas guerras vivió... qué cosa esta de soñar vidas ajenas y muertas...arrancaste muy bien